Cuidado con las palabras
En la batalla cultural deberíamos comenzar al elegir
nuestras propias palabras. Éstas tienen una fuerza poderosa tanto para
descalificar como para naturalizar las anomalías con que convivimos en lo
cotidiano.
Por ejemplo, si nuestros dirigentes políticos y
nuestros periodistas y comunicadores se refieren a los integrantes de la banda
neoliberal cambiemita como “opositores políticos” cuando la realidad nos
muestra que son una amplia y variada mafia delincuencial, sólo están
legitimando y naturalizando una anomalía. Salvo en las épocas románticas de las
disputas y debates con los radicales, el peronismo no tuvo ni tiene oponentes
políticos; realmente tiene enemigos, que son los mismos enemigos que tiene el
pueblo.
No son opositores políticos, oponentes
circunstanciales. Son enemigos y así deberíamos internalizarlo.
El factor humano
El contexto en el que se plantea la batalla cultural,
el campo de batalla, es la gente. Este es el terreno sobre el que, organizada
psíquica y tecnológicamente opera, socava y destruye; y es el mismo sobre el
que nosotros intentamos contrarrestar esta acción sicológica casi sin
herramientas, sólo con convicciones.
Aquí estamos planteando la lucha en las redes sociales.
Una herramienta puesta en funcionamiento, diseñada y manipulada por el enemigo.
Es el que posee la “main” botonera para que todo lo que allí sucede funcione
directa o indirectamente a favor de sus objetivos: No Informar; Confundir;
Deshumanizar salvo en lo emocional; establecer agenda de temas que circulan por
fuera de lo verdaderamente importante, necesario y urgente.
Como hombre de medios y militante político, siempre me
resultó imprescindible conocer al receptor del mensaje, incluso cuando la
acción es el mensaje. No sólo sus preferencias, sus intereses. Sino
principalmente ¿cómo es?, ¿a quién le estoy hablando?, ¿con qué
condicionamientos decodifica el mensaje?. Sin dejar nunca de lado que éste está
atravesado por su condición humana, con todos sus miedos y miserias.
Por lo tanto, y por ahora al menos, en este terreno
perdemos. Nuestro esfuerzo es necesario, pero pienso que seguirá siendo sin
resultados significativos que aporten a nuestros objetivos de liberación de las
mentes.
El campo de la batalla es la política
La contienda mediática comunicacional (incluidas las
redes sociales) es desmesuradamente desigual. Perdemos. Pero tenemos y
conocemos dos terrenos para dar la pelea y equilibrar las fuerzas: la Política,
y la Calle.
No olvidemos nunca que somos peronistas y lo que esto
significa, y lograremos respirar en nuestro espacio natural sin asfixiarnos en
las marismas de las redes sociales.
En lo político y social, contamos con todo el
andamiaje doctrinario que las demás expresiones políticas no tienen (mucho
menos el neoliberalismo mafioso que ni siquiera constituye una expresión
política). Esto es, alcanzar el objetivo central de lograr la felicidad del
pueblo y la grandeza de la patria mediante la soberanía política, la independencia
económica para establecer todos los parámetros de la Justicia Social. Esa es
nuestra Fortaleza.
Nuestra Debilidad política radica en los peronistas
que no son peronistas; en los dirigentes sociales y representantes políticos
que no representan a quienes los colocan en esos lugares de conducción y
representación, no representan a quienes los votan. En un sistema institucional
representativo en el que el pueblo, el Soberano, no está representado, la
democracia y la institucionalidad son imposibles y defectuosas. La
naturalización de esta anomalía crea el espacio propicio para la aventura
política de las mafias y el Estado desaparece en todos sus roles indelegables.
La batalla es cultural; la guerra es política
La guerra se gana con dirigentes convencidos y
comprometidos con la tarea, seducidos por la Historia, fortalecidos por la
energía y el sostén del pueblo en las calles. Hace falta una profunda reforma
política que surja del pueblo y genere representatividad real.
Los hechos más recientes nos demuestran esta
afirmación. Hace unos meses atrás compartí un posteo en el que manifestaba mi
desconcierto por no poder definir el momento exacto de nuestra historia en el
que un representante del pueblo comenzó a ser más barato que una bala. Cristina
nos demuestra que esto no es así, y que con herramientas políticas y
convencimiento de yegua se puede enfrentar al Poder fáctico. Y parece estar
sola. Por eso el convencimiento del enemigo al elucubrar que si eliminan a
Cristina se acabó el peronismo y toda posibilidad de resistencia para sus
planes delincuenciales.
Amigos,
compañeros, militantes y kiosqueros
Suele ser un error común, de ejecución continua,
colocar el origen de nuestros males y fracasos en otro, en un tercero. Sin
detenernos un poco a pensar qué parte de responsabilidad nos toca en cada caso.
No damos lugar a la reflexión, no creamos nuestro espacio para la auto crítica,
no habilitamos los espacios para el debate.
Está establecido en el juego de ajedrez un principio
que es de fundamental entendimiento, porque de lo contrario no podremos avanzar
en la construcción de nuestro juego: “No podemos comenzar a ganar si no sabemos
ni comprendemos por qué perdemos”. En ajedrez gana el que comete menos errores
y pierde el último que se equivoca; por lo que dedicamos más tiempo a
identificar y conocer nuestros errores que a descubrir combinaciones
brillantes. Si queremos comenzar a ganar, primero debemos saber por qué
perdemos; qué está mal en nuestro juego.
Macri, el neoliberalismo más salvaje, la derecha no
peronista (en lo que a mí respecta la derecha no es peronista), la oligarquía,
han sido y son la excusa perfecta para justificar nuestros fracasos y
limitaciones. Pero ante la mirada crítica no pudieron ni pueden ocultar las
verdaderas razones que parten de nosotros mismos (como conjunto) y son la
verdadera causa de nuestros fracasos políticos. En cuanto a las limitaciones,
sólo hace falta justificarlas para verdaderamente tenerlas.
Los partidos políticos ya no son los partidos
políticos. No son una herramienta de formación y cohesión política, sino que se
han convertido simplemente en un sello de goma para la habilitación de las
aspiraciones electorales sin contenido doctrinario ni compromiso político.
Pedir fidelidad y lealtad partidaria sin exigir en la misma medida una lealtad
doctrinaria es sólo disciplinamiento, y si hay algo que no debemos ser es
precisamente disciplinados. “No queremos tropa, queremos militantes activos y
presentes que nos ayuden a equivocarnos lo menos posible”.
¿Sentido corporativo o espíritu de cuerpo?
En una corporación
se establecen patrones repetitivos que determinan cómo se hacen las cosas.
Estos patrones se nutren de manera instintiva y repetitiva, por hábitos y
emociones compartidos; y se establecen desde un mandato superior.
En cambio, el
espíritu de cuerpo, el sentimiento de unidad y cohesión por parte de sus
miembros, se caracteriza por la identificación que los miembros del grupo
tienen entre sí, su preocupación por el bienestar de los demás, el mutuo
sentimiento de pertenencia y un cierto sentido de objetivos comunes (para un
compañero no hay nada mejor que otro compañero, para una compañera no hay nada
mejor que otra compañera).
Cuando los
dirigentes políticos o sociales no comprenden esto último y transitan por los
cargos electivos o políticos desencajados del marco ideológico ocupándose sólo
de sus negocios (su carrera política se transforma en un negocio) convirtiendo
el Partido Político en una estructura corporativa, dejan de ser hombres y
mujeres de la política para devenir en kiosqueros.
Cuando los
militantes devienen en militantes rentados, se convierten en kiosqueros.
Cuando los
funcionarios públicos abandonan la militancia al acceder a sus cargos, evidentemente
se convierten en kiosqueros.
Y todos estos se
olvidan que el kiosco y todo lo que contiene es del pueblo.
Con los dirigentes a
la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes
Tenemos que volver a
reconstruir el espacio de los militantes, de los cuadros, tenemos que volver a
valorar la política y no queremos que se repita la mecánica casi empresaria de
la política que tiende a acordarse de los amigos y de los compañeros para utilizarlos
en cuestiones electorales.
No queremos ayudar a
conjugar y a que todo el mundo nos diga que sí, a tener tropas “disciplinadas”,
como se estila. Queremos tener compañeros que piensen, que nos digan la verdad,
que tengan capacidad transgresora, que ayuden a equivocarnos lo menos posible.
También cuando hay
una masa crítica que piensa, que elabora, que participa, evita que aquellos que
tenemos que ir a cumplir responsabilidades nos creamos más de lo que somos y
nos olvidemos de dónde venimos y para qué venimos.
Queremos nuevamente
que los locales políticos no sean lugares de “trenzas”, o que no sean lugares
-para definirlos con toda exactitud- donde nos juntemos solamente a tomar unos
vinos o a comer asados. Queremos que los lugares políticos sean lugares de
meditación, de formación, de conciencia cívica, que tiendan a consolidar una
Argentina diferente.
Tenemos que dejar de
sentir vergüenza de las cosas que defendemos, nos quieren hacer sentir a veces
que son posturas que deben ser “revisadas” en nombre de la supuesta
racionalidad. ¿Qué es la racionalidad, amigos y amigas, compañeras y
compañeros? ¿La racionalidad es bajar la cabeza, acordar cualquier cosa
pactando disciplinada y educadamente con determinados intereses, y sumar y
sumar excluidos, sumar y sumar desocupados, sumar y sumar argentinos que van
quedando sin ninguna posibilidad? ¿O la racionalidad es trabajar con
responsabilidad, seriedad, con fuerzas para abrir las puertas de la producción,
del trabajo y del estudio para todos los argentinos? Yo quiero adherir a este
tipo de racionalidad, es la única racionalidad viable que nosotros tenemos para
poder realizarnos.
Cuando veo que
algunos se desesperan por tratar de mostrarse y existir en la vida política o
haciendo oficialismo cerrado o haciendo oposición por oposición para figurar en
los diarios, digo ¿no se dan cuenta, no caminan la Argentina? Cuando vamos
barrio a barrio, provincia a provincia, vemos miles y millones de compañeros,
de hermanos y hermanas argentinas que nos miran con lágrimas en los ojos, en el
olvido a que han sido sometidos. ¿Por qué no dejamos de jugar a la política
corta y escribimos la historia grande de una Argentina que nos contenga a
todos?.
Si volvemos a Néstor, Néstor Vive.
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