domingo, 14 de abril de 2024

Familia Numerosa (24/oct/2021)

 

“Somos una familia numerosa. Siempre lo fuimos. Hemos tenido muchas dificultades, pero siempre contamos con recursos para superarlas, sobre todo humanos.

Nuestra tierra era la posesión más preciada, y sobre ella construimos nuestra casa, con la cantidad suficiente de ambientes como para vivir sin lujos pero cómodamente.

Primero fue lo básico para alumbrarnos, cocinar y calentarnos en las noches de frío. Pero nuestras tierras nos ofrecían recursos como para mejorar la provisión de estas necesidades.

Primero, entre todos, poniendo cada uno lo que tenía, hicimos un digestor de residuos para generar gas, y con las válvulas y caños necesarios hicimos el tendido hacia la casa, resolviendo así calefacción y cocina. Entre tanto, identificamos el mejor lugar del río para hacer una represa que tuviera contener la cantidad de agua que al pasar forzada por una turbina nos sirviera para generar energía hidroeléctrica y también construimos el tendido hasta la casa y resolvimos así otro servicio esencial para mejorar la calidad de vida de toda la familia.

Nosotros nos ocupábamos de todo lo concerniente a la provisión de gas y electricidad, pero la comodidad y el pensar que necesitábamos más tiempo libre para desarrollar otras actividades nos hizo pensar, y creer, que si le encargamos esta tarea a un tercero por fuera de la familia, pagándole por su trabajo de mantenimiento, contaríamos con ese tiempo que aún no sabíamos en qué lo íbamos a utilizar.

Hicimos el contrato con el tercero y este tomó posesión de todo lo que habíamos construido con nuestros recursos y con nuestro esfuerzo. Luego de un corto tiempo de funcionar de acuerdo, el concesionario (el tercero que no era de la familia) comenzó a multiplicar las tarifas sin que esto se viera reflejado proporcionalmente en un servicio de mejor calidad. Al contrario, sufríamos cortes permanentes del servicio.

Con el paso del tiempo, llegamos al punto de no poder pagar lo que el concesionario nos quería cobrar sólo por hacer la tarea de facturarnos nuestro propio servicio. Fue el momento en que el concesionario desvió la provisión de gas y electricidad para venderlos a otros lugares que necesitaban el servicio y podían pagarlo.

Dejamos así de tener acceso a los servicios básicos, esenciales para nuestra calidad de vida, a pesar de que eran nuestros. Pero cometimos el error de entregar el manejo de nuestros recursos a un tercero que multiplicó exponencialmente sus ganancias mientras nosotros contábamos con un poco más de tiempo para ver televisión. No pudimos pagar más lo que nos exigían. Perdimos así nuestro gas, nuestra energía hidroeléctrica, y en el tiempo que nos quedaba libre no pudimos seguir viendo televisión porque este aparato, para funcionar, requiere electricidad.

La deuda acumulada alcanzó tal monto que, para poder honrarla, nos fue embargada la casa. En un diario del pueblo vecino publicaron la noticia, con beneplácito, ya que al no tener vivienda ya no necesitábamos ni electricidad ni gas, ni el agua que nos proporcionaba la canalización de nuestro río. Que ya no es nuestro”.

(Seguro puede resultar una historia relacionable con hechos reales. Pero la Moraleja que nos deja sólo sirve si la hacemos cada uno de nosotros sin dejar que otro la haga por uno)

MORALEJA:…

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