(Documento
de circulación interna para la reflexión)
Mencionábamos
ayer que el 17 de noviembre de 1972 marcó un punto de inflexión en la historia
política argentina y particularmente del peronismo. Cincuenta años después, el
mismo día, habló Cristina y me quedó la casi certeza de que fuimos mudos
testigos del anuncio y descripción de un punto de quiebre.
Vimos
y escuchamos, tal como lo describió brillantemente un compañero, a una mujer
amenazada. Amenazada su libertad, amenazada su vida y las vidas de su familia.
Y la vimos sola frente a todos estos riesgos, y sola frente a los reclamos
electoralistas.
Los
que gritaban “Cristina presidenta”, la rodean, pero no la protegen. Por el
contrario, la debilitan al aislarla de todo lo demás que no sea los “chicos” de
La Cámpora Esos mismos que cantaban “si la tocan a Cristina que kilombo se va a
armar”…, sin sentir ni un poquito de vergüenza por no darse cuenta que el 1 de
setiembre pasado a Cristina la tocaron, y no se armó ningún kilombo. La
tocan con cada ataque mediático; la tocan y la mellan con cada agresión del
partido judicial, y… ¿qué kilombo se va a armar?.
Cristina
en su discurso fue medida, pero muy clara en algunos puntos: “lo que viene va a
ser muy difícil, muy duro; pero está en manos de ustedes lo que hay que hacer.
Desde
la zona de confort de la tribuna, pensaron que se refería al hecho de su
postulación como candidata estaba en manos de los “cantantes de cánticos”,
cuando les estaba diciendo, clarito, “van a tener que dejar de cantar y empezar
a mover el culo por ustedes mismos. Eso es empoderarse y militar la Argentina”.
La
suma de una “militancia” de elite, la caterva de traidores que integran el
actual gobierno, los movimientos sociales y los sindicatos ya están buscando
dónde acomodarse por si regresa la derecha que con Alberto nunca se fue.
Pensemos,
luego de lo que vimos ayer, en la especulación de que Cristina fuera candidata
y ganara las elecciones; ¿con quiénes va a contar para armar el gobierno
que hace falta para devolverle la felicidad al pueblo?. ¿Con los
traidores? ¿con La Cámpora? ¿con qué leales? Reitero, Cristina está sola y
aislada.
Pienso
que deberíamos comenzar a pensar en cuál es el camino y la forma sin Cristina.
Pienso que no tenemos derecho a exigirle nada más.
Estamos
siendo derrotados por la derecha en todos los frentes, convirtiendo al pueblo
en una masa anodina que no comprende dónde tiene el culo y dónde la cabeza. Lo
que nos obliga a pensar y preguntarnos ¿qué podemos esperar de una Nación
sin Pueblo?
El
criterio generoso marca la necesidad de que Cristina salga de la mira de los
sicarios de todo tipo, y sólo conduzca, y que nosotros nos preparemos a perder
y dar batalla. No con la fuerza de la esperanza sino con la fuerza de la
lucha y la resistencia.
Da
para mucho más, pero la idea es plantar la base de la reflexión y que todos
sumemos para establecer un punto desde donde arrancar acciones. Sin cánticos,
sin falsas esperanzas, pero con nuestra mística pérdida.
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