Seguramente no me
corresponde, pero quise compartir mi mirada sobre el trabajo en grupo (grupo
operativo para ustedes desde la psicología social, simplemente grupo o equipo
para mi desde la mirada de afuera) que han realizado para concretar y presentar
un trabajo práctico final del año.
Por lo tanto, mi mirada no
es desde la psicología social, sino desde mi experiencia de trabajo en grupo,
en equipos de trabajo, desde la organización de grupos políticos, o simplemente
desde la organización de asociaciones civiles.
En un grupo el eje conductor
y lo más importante es la tarea, el OBJETIVO; y una vez establecido éste, todo
lo demás debe quedar supeditado a la tarea.
En la realización de ésta no
resulta importante que cada integrante del grupo haga la misma cantidad de
tarea que los demás, sino que cada uno cumpla su parte de la mejor manera. No
siempre el trabajo puede repartirse equilibradamente.
Ante una controversia, el
grupo debe debatir hasta encontrar los puntos de acuerdo que permitan una toma
de decisión unánime En ningún caso se puede resolver un desacuerdo por
resolución mayoritaria.
Se suele pensar que la
votación y resolución por mayorías resulta democrático, pero no es así. Porque
la democracia incluye a todos, no a las mayorías. Este es un vicio de la
democracia formal. Mucho más cuando se trata de un grupo que cabe en una mano.
Cuando la unanimidad de
opiniones y pareceres resulta imposible, cuando se llega a punto irresoluble,
el grupo falla. Pero no por eso se abandona la tarea. Es en este punto donde,
desde la característica del agrupamiento humano, deben surgir los liderazgos
para continuar hacia el objetivo y la prosecución de la tarea.
Si el objetivo es
prioritario, y la tarea genera compromiso real, es imposible que un grupo
integrado con este fin no encuentre los puntos de coincidencia. Se trata en
definitiva de gente asociándose solamente atacados por la condición humana. Ese
es el desafío. Prioridad y compromiso.
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