domingo, 14 de abril de 2024

Con tristeza y algo de indignación (03/set/2022)

 

Estas últimas cuarenta horas se han sucedido de manera muy veloz, vertiginosamente entre reflexiones y sensaciones que se atropellan entre sí. Realmente todo muy personal, muy mío; pero inserto en un contexto general que abarca a todo el pueblo.

No hace cuarenta y ocho horas intentaron asesinar a Cristina, y ante la magnitud de lo sucedido, y de lo que hubiera podido suceder si el disparo hubiera cumplido su objetivo cobarde, sigo leyendo publicaciones que redoblan la apuesta del odio en forma directa, o indirectamente manifestando repudios que no repudian nada (no pueden nombrar el hecho porque sería inconveniente a su posicionamiento político), con manifestaciones de humor de muy mal gusto, o centrando su repudio en el feriado decretado por el presidente de la República. No los leí repudiando el hecho que no nombran ni repudian sinceramente.

Pienso que el atentado contra todos nosotros es un punto de inflexión que marca un límite. Decilo. Parate frente al espejo y mirándote a los ojos decilo en voz alta: QUISIERON MATAR A CRISTINA. ¿No te gusta Cristina?. Entonces decí: intentaron asesinar a la vicepresidente de la Nación, intentaron asesinar a una expresidenta.

Estoy harto de ver estas manifestaciones (me cuido de no adjetivar) y no responder, no porque no tenga argumentos. Argumentos hay por demás, pero están demás cuando no hay comunicación.

En lo personal también es un punto de inflexión. Se suele sostener que no hay que perder la relación con amigos o familiares por razones políticas. He dicho una y cien veces que no estoy de acuerdo, porque tu definición política te define como persona, y uno es el mismo en todos lados y circunstancia.

Hoy voy a borrar del face a muchos contactos.

A muchos porque no quiero leer sus posteos violentos e irracionales desde mi punto de vista. (Por eso te borro de mi face y no hago absolutamente nada para impedir que te sigas expresando, aunque lo hagas desde el odio irracional). No son amigos, pero me indignan.

A otros, porque sus posteos ponen en riesgo el vínculo de incipiente amistad, porque de contestarles sería muy duro, sin necesidad de agraviar. Y esto me entristece.

Pienso que tenemos que cambiar esta realidad y que debemos comenzar por nosotros mismos y nuestro espacio vital.

No soy creyente. Soy profundamente ateo. Pero no puedo dejar de recordarles a los que se dicen cristianos las primeras palabras que el Cristo pronunció a sus seguidores: si el hombre (hoy le hubieran dicho machista) no cambia su corazón, jamás va a cambiar nada.

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